Los lectores de este blog ya se habrán percatado de que éste lleva un tiempo sin estar actualizado, faltando la nota de prensa con la que solía comenzar cada mes y que -poco a poco- parecía llevar camino de converirse en un clásico y rompiendo la tónica que llevaba de -aproximadamente- una entrada semanal. Esto se debe, principalmente, a dos razones relacionadas con mi tiempo libre y mi interacción (y la de los lectores, respectivamente) con el propio blog.
En primer lugar, la cantidad de tiempo del que dispongo para entrar en el blog ha disminuído drásticamente. Aún cuando tengo algunos temas en mente que me gustaría tratar, no puedo entretenerme tanto como quisiera buscando información, documentándome necesariamente y comparando diferentes opiniones para escribir una entrada con la calidad que desearía. En segundo lugar, he empezado a notar que la escritura comenzaba a ser una autoimposición; esto es, quería obligarme a escribir por lo menos una vez a la semana. Aunque los estropicios generalizados que ocurren continuamente en este país darían para muchas más entradas semanales, no quiero desvirtuar mi trabajo: cuando un entretenimiento, una forma de expresión y un gesto que se hace de forma desinteresada se convierte en algo obligatorio, creo que es momento de parar y ponerse a pensar.
También es cierto (debo admitir) que la ausencia de opiniones me desanima un poco. Es fácil comprobar que la mayoría de visitas que recibo son meros vistazos después de encontrar este blog en los resultados del buscador favorito del usuario. Esto no sería problema si existiera contara con un debate participativo en los comentarios (signo de que el tema interesa o bien mi postura no es compartida, ambas opciones bienvenidas), lo cual no parece ser el caso. En definitiva, hay veces que me planteo si el blog sirve como algo más que como una vía de escape para discrepar de lo que considero incorrecto o si, por el contrario, lo único que consigo es mostrarle a cuatro gatos cómo pataleo cuando algo no me gusta.
En definitiva, creo que es hora de cambiar la política del blog. Escribiré cuando pueda y quiera. Si, mientras tanto, algún lector quiere comentar, participar o colaborar, desde aquí está invitado a dejar los comentarios o enviarme los correos electrónicos que crea necesario. Mis sinceras disculpas a los (posibles) lectores habituales; de momento, manténganse a la espera. Les mantendremos informados.
En primer lugar, la cantidad de tiempo del que dispongo para entrar en el blog ha disminuído drásticamente. Aún cuando tengo algunos temas en mente que me gustaría tratar, no puedo entretenerme tanto como quisiera buscando información, documentándome necesariamente y comparando diferentes opiniones para escribir una entrada con la calidad que desearía. En segundo lugar, he empezado a notar que la escritura comenzaba a ser una autoimposición; esto es, quería obligarme a escribir por lo menos una vez a la semana. Aunque los estropicios generalizados que ocurren continuamente en este país darían para muchas más entradas semanales, no quiero desvirtuar mi trabajo: cuando un entretenimiento, una forma de expresión y un gesto que se hace de forma desinteresada se convierte en algo obligatorio, creo que es momento de parar y ponerse a pensar.
También es cierto (debo admitir) que la ausencia de opiniones me desanima un poco. Es fácil comprobar que la mayoría de visitas que recibo son meros vistazos después de encontrar este blog en los resultados del buscador favorito del usuario. Esto no sería problema si existiera contara con un debate participativo en los comentarios (signo de que el tema interesa o bien mi postura no es compartida, ambas opciones bienvenidas), lo cual no parece ser el caso. En definitiva, hay veces que me planteo si el blog sirve como algo más que como una vía de escape para discrepar de lo que considero incorrecto o si, por el contrario, lo único que consigo es mostrarle a cuatro gatos cómo pataleo cuando algo no me gusta.
En definitiva, creo que es hora de cambiar la política del blog. Escribiré cuando pueda y quiera. Si, mientras tanto, algún lector quiere comentar, participar o colaborar, desde aquí está invitado a dejar los comentarios o enviarme los correos electrónicos que crea necesario. Mis sinceras disculpas a los (posibles) lectores habituales; de momento, manténganse a la espera. Les mantendremos informados.
